domingo, 4 de mayo de 2014

Los suecos pretendieron salvar del desastre la economía.


 
Hans Göran Persson, primer ministro de Suecia en coalición con los ecólogos y los excomunistas desde marzo de 1996 hasta Octubre de 2006, fue el líder del Partido Socialdemócrata que pretendió salvar la economía del desastre. Anteriormente, fue ministro de finanzas y su principal objetivo fue estabilizar el presupuesto y predicar el rigor presupuestario necesario para la entrada a la Unión Europea. Su primer mandato fue marcado por un excedente presupuestario, por una economía fuerte y por una disminución del paro. Ministro de economía en 1994, así describía Göran Persson la situación de su país en una entrevista a McKinsey: “Después de años de fuerte crecimiento interno impulsado por el crédito fácil y el alto nivel de endeudamiento, estalló la burbuja inmobiliaria, provocando el colapso y la nacionalización parcial del sector bancario. La demanda interna se desplomó… En tres años, la deuda pública se duplicó, el paro se triplicó y el déficit público se multiplicó por diez, a más del 10% del PIB, el más grande de cualquier país OCDE en ese momento”. En estas circunstancias, nadie quería prestar dinero a Suecia. Persson viajó a Wall Street para convencer a los bancos de inversión de que siguieran metiendo dinero en la tarjeta de crédito sueco. Y numerosos “insolentes veinteañeros” le hicieron preguntas como: “¿Por qué gastan tanto ustedes en la escuela primaria?” o “¿Por qué su subsidio de desempleo es tan alto? ¿No podrían recortarlo?”.

 Göram Persson.

Persson reconocía que aquello fue “humillante”. Pero se tragó su orgullo y prometió a aquellos banqueros enderezar su país. Llamó por teléfono al primer ministro y le dijo que aquello no era un problema de dinero. Era peor. Era un problema de soberanía: “Aquellos chicos de Wall Street no tenían que decidir el futuro de mi país”, afirmó en una entrevista en La Vanguardia. Como ministro de Economía tomó las mismas decisiones que se tomaron en España, en 2010, con Zapatero: en 2012, con Rajoy y, ahora, con Manuel Valls, en Francia. Recortes, reformas, ajustes… Los recortes castigaron a los funcionarios, a los pensionistas y a los trabajadores. “Me convertí –confiesa– en el ministro de Economía menos valorado de la historia de Suecia”. Pero, al contrario del Gobierno español, el sueco apenas tocó la enseñanza, el cuidado de los niños y la salud. Cuatro años después, la economía había dado un vuelco: el paro se redujo, las empresas exportaron más que nunca, la economía creció a niveles jamás vistos y se logró superávit. El estado ingresaba más dinero del que gastaba. Suecia se había salvado del desastre.

Suecia se vuelve japonesa.

Todos consideraron a Suecia como modelo de conducta respecto a cómo afrontar  una crisis mundial. Las exportaciones del país se vieron muy castigadas por la caída en picado del comercio mundial, pero se recuperaron; sus bien regulados bancos capearon el comercio financiero; sus sólidos programas de protección social sostuvieron la demanda de los consumidores y, a diferencia de gran parte de Europa, siguió teniendo su propia moneda. Hacia mediados de 2010, la producción aumentó y el paro disminuyó con rapidez. Suecia, declaró The Washington Post, es “la estrella de la recuperación”.  Entonces  llegaron los “sadomonetaristas” según Paul Krugman, profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de 2008. “Hasta 2012, la economía sueca marchaba mucho mejor que la de la mayoría del resto de los países desarrollados. Pero el paro seguía siendo algo alto y la inflación, baja. No obstante, el Riksbank (banco central) decidió empezar a subir los tipos de interés. El gobernador adjunto, Lars Svensson, se opuso ruidosamente a la subida de los tipos. Svensson, uno de los principales expertos mundiales en trampas deflacionarias como la japonesa, advirtió de que subir los tipos de interés en una economía todavía deprimida pondría a Suecia en peligro de sufrir un destino similar. Y, como era de esperar, el paro sueco dejó de reducirse poco después de que empezasen a subir los tipos. La deflación tardó un poco más en aparecer, pero acabó llegando”.

¿Por qué cometió el Riksbank un error tan garrafal?, se pregunta Paul Krugman. “Al principio, el gobernador del banco declaró que lo que había que hacer era evitar la inflación. Pero, a medida que ésta bajaba hasta cero y caía incluso por debajo de ese objetivo supuestamente crucial, el Riksbank ofreció un nuevo argumento: la política del dinero escaso aspiraba a poner freno a una burbuja inmobiliaria, a evitar la inestabilidad financiera. Y, a medida que cambiaba la situación, los funcionarios inventaban nuevas justificaciones para no cambiar de política. En resumen, era un caso típico de ‘sadomonetarismo’ en acción… Y, al igual que el Riksbank, el banco cambió de argumentos para justificar la subida de los tipos, pero nunca sus exigencias políticas… Sean cuales fueran sus motivos, los ‘sadomonetaristas’ ya han hecho mucho daño. En Suecia, arrancaron el fracaso de las fauces de la victoria, y han convertido un éxito económico en una historia de estancamiento y deflación, por lo que hemos podido ver hasta ahora. Y podrían causar mucho más daño en el futuro. Los mercados financieros han estado bastante tranquilos últimamente, sin crisis financieras, sin crisis bancarias, y sin amenazas inminentes de ruptura del euro. Pero sería erróneo y peligroso dar por sentado que la recuperación está asegurada. Las malas políticas podrían socavar muy fácilmente un progreso económico todavía lento”.


Escritos por un experto del ministerio Economía llamado Hens Henriksson, circulan por Suecia los ‘Diez mandamientos económicos’:

1. “Si quieres crecer, debes sanear las finanzas públicas”. La principal clave para tener éxito es no equivocarse. Un estado que no se equivoca en sus políticas es un país que adelantará a la mayoría de los demás. Henriksson argumenta que evitar riesgos es la máxima cuando se habla de política económica y cree que unas finanzas públicas fuertes están íntimamente conectadas con fundamentos macroeconómicos fuertes. Pone como ejemplo la economía escandinava y argumenta para su éxito que un clima macroeconómico estable es resultado de unas finanzas públicas saneadas y estables”.

2. “Si estás endeudado no eres libre”. En una frase, que, como él mismo dice, parece sacada de la Biblia, Henriksson argumenta en contra de la excesiva deuda. “Un país con problemas de déficit y de deuda está constantemente monitorizado por el mundo, por los mercados, por las organizaciones, por otros países y por sus propios ciudadanos. Algo que hace que el poder se traslade de aquellos elegidos por los ciudadanos a los centros cerrados de los mercados financieros. Un país que tiene que pedir prestado todos los días está en manos de sus acreedores”

3. “La persona responsable debe arriesgar su puesto”. En una situación de déficit, los políticos se enfrentan a una tarea difícil y a menudo tienen que lidiar con cuestiones con los que no están familiarizados. Para ello, reclama Henriksson, el político debe liderar, debe jugarse su puesto. La situación es sencilla: cuando alguien dice que va a solucionar un problema, lo más probable es que no sea el primero en prometerlo. ¿Cómo, entonces, convencer al público de que esta vez va en serio? “Básicamente, en lo que dices y lo que haces”. El político debe asegurar que, si no se trata el problema, dimitirá. Así, el coste político de no enfrentarse a un problema aumenta y el público y los medios lo notan.

4. “Fija unas metas y cúmplelas”. Según Henriksson, establecer metas transparentes para el déficit ayuda a mostrar compromiso. Es una herramienta efectiva: muestra compromiso a los mercados y al público. Pero también, y quizá es más importante, se convierte en un marco tanto para la oposición como para la administración pública. El gobierno establece objetivos y estos pasan por todos los niveles hasta la burocracia. Se usa para dar instrucciones, para los jefes de departamento, para los funcionarios de mesa. Establecer metas es fácil. Cumplirlas, no tanto, explica Henriksson. “En 1996, vimos dificultades a la hora de cumplir los objetivos. ¿Qué hicimos entonces? En vez de culpar a los ciclos económicos, tomamos nuevas medidas”, cuenta.

 
5. “La consolidación (saneamiento de las cuentas) debe ser diseñada como todo un paquete de medidas”. Presentarlas como un paquete único deja un mensaje claro: todos los grupos interesados saben que no son los únicos a los que se les está pidiendo un sacrificio. La idea es mostrar que no se toma ninguna parte y que el problema del déficit es algo que debe resolver todo el mundo.  

6. “Actúa de forma estructural pero sé consistente”. Hay cinco áreas para consolidar las finanzas públicas: consumo de gobierno, inversiones, transferencias, impuestos y pago de intereses. 

7. “No dejes que los problemas los resuelvan las autoridades locales”. Si el gobierno central empieza una consolidación del presupuesto, tendrá un impacto enorme en el clima político del país. Una consecuencia puede ser que las autoridades locales sigan su ejemplo y hagan sus propios programas de consolidación. Las medidas del gobierno central afectan también a nivel local, por lo que el efecto de ser “apretado” desde todos los lados puede ser devastador.

8. “Sé honesto con los ciudadanos y con los mercados”. Un plan de consolidación tiene muchas fases y puede pasar un tiempo hasta que las medidas se hagan realidad. Ser honesto con los efectos lo hará todo mucho más fácil. El proceso tiene que ser también lo más transparente posible, no es posible engañar a nadie. Engaña y perderás la confianza de los mercados.


9. “Céntrate en un solo mensaje”. Hay que evitar las discrepancias entre lo que dices y lo que haces. Hay dos errores que se pueden cometer: confundir políticas estructurales con refuerzo del presupuesto. Tienes que ser consistente, si recortas subsidios, tienes que aumentar impuestos a los ricos. El segundo error es intentar compensar los recortes con pequeños incrementos de gasto. Lo único que llevará consigo será enfurecer a los votantes.

10. “Cumple”. Si has cumplido la primera fase de consolidación de las finanzas públicas, te queda otra fase: mantener el programa para evitar repetir los mismos errores. En esta fase tienes que controlar las finanzas públicas, luchar contra la inflación y enfrentarte a las debilidades institucionales.

Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, en Atenas: 'El modelo económico que nos llevó al desastre aún se enseña en las universidades'.

Si el planteamiento es erróneo –decía Joseph Stiglitz, premio Nobel del 2001– la solución a la crisis también lo será. Esta premisa, básica en cualquier problema matemático, se aplica a la perfección al estado actual de la economía. Así lo defendía Stiglitz en el 2011, al asegurar que los modelos que nos llevaron al desastre son antiguos y erróneos. Stiglitz explicaba cómo, durante los últimos 25 años, desde las universidades y desde el ágora política, se ha repetido que los mercados no fallan pero que, más que nunca, esta crisis ha puesto de manifiesto justo lo contrario: que los mercados no son eficientes. La gravedad radica en que existe una “inercia” a nivel mundial que se refleja en que se siguen aplicando teorías arcaicas. “Los modelos que se utilizaban para hablar del riesgo de la diversificación antes de la crisis eran incompatibles con los modelos que se utilizan para responder a esa crisis”, apunta Stiglitz, quien insiste en que, a pesar de que se sabía que los mercados a menudo fallaban, “las políticas macroeconómicas seguían ignorándolos”. Para este profesor y economista estadounidense, conocido por su visión crítica del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, uno de los problemas de raíz de esta crisis actual es la ausencia de una “regulación global”, problema que él quiere trasladar de forma urgente al debate. Así, durante una conferencia impartida en los Cursos de la Universidad Complutense en El Escorial, Stiglitz defendió que, hasta 2007, se habían sucedido 30 años sin crisis económicas de gravedad porque existía una mayor regulación de la economía, y que fue precisamente la actuación al margen de las normas lo que desencadenó el estallido de la crisis actual. Él mismo sostuvo durante años la conveniencia de establecer normas para controlar los flujos internacionales
 
Stigliz afirma que el FMI está profundamente equivocado porque no habla de la desigualdad entre ricos y pobres. Y defiende que “la desigualdad es el principal contribuyente a la crisis económica y además se ve incrementada por ésta”. Ha explicado lo que ha sucedido en Estados Unidos. Allí, cada vez más personas se han empobrecido, siete millones de familias han perdido sus casas y otros dos millones las perderán este año. Al mismo tiempo, los ricos han gastado una menor proporción de sus ingresos que los más pobres. “Les dijimos a los pobres que siguieran gastando, como si sus ingresos siguieran aumentando”, olvidando el “pequeño detalle” de que sus sueldos eran cada vez más bajos. Esto condujo al endeudamiento, cada vez mayor, cada vez más insostenible. “Ese problema no se resolverá hasta que no se resuelva la desigualdad”. A pesar de que el panorama dibujado deja poco lugar a la esperanza, Joseph Stiglitz recuerda que este es el momento de “plantear un profundo debate” sobre los modelos económicos y  advierte: “La batalla de las ideas continuará”.

 
Juan Goitisolo escribe en El País de ayer, un artículo titulado “La fuerza del hambre” en el que denuncia: “Las víctimas del bochornoso espectáculo que contemplamos a diario en el perímetro aislante (¡oh, cuán higiénico!) de Ceuta y Melilla ignoran las leyes inicuas que rigen el mundo desde la caída de los regímenes seudocomunistas y del desmantelamiento paulatino del modelo socialdemócrata del Estado providencia: la desregulación caótica de los mercados financieros del casino global y el desequilibrio comercial que favorece a los países de tecnología avanzada a expensas de los que no pueden exportar más que materias primas y mano de obra barata. Huyen de la miseria, de los tiranuelos heredados del antiguo poder colonial, de las guerras étnicas o tribales con su secuela de matanzas y éxodos. Han atravesado miles de kilómetros a través del desierto, sufrido el abuso de las mafias, soportado el rigor y las trampas del clima en una huida adelante de meses o años en busca de un refugio para afrontar al fin el último obstáculo: una doble verja de seis metros de altura con alambres de espino y cuchillas ‘no agresivas sino disuasorias’ en palabras de nuestro ministro del Interior. Agrupados a las puertas del soñado El Dorado europeo aguardan la ocasión favorable para trepar por las alambradas sin otra arma que su tenaz instinto de vida. Los vemos escalando las vallas de acero y concertina, encaramados en su cima o izados como una bandera en lo alto de un poste. Las fuerzas del orden les aguardan al pie con sus porras, escudos y cascos para la llamada “devolución en caliente” y no obstante eso se dejan caer en racimos para abrirse paso entre ellas y correr si lo logran en un iluso maratón victorioso camino de los inhóspitos y abarrotados centros de acogida en donde se arracimarán semanas o meses a la espera de una siempre aleatoria resolución del destino (…)  La indignación me sobrecoge (…) Los candidatos a inmigrantes subsaharianos desfilan ante mis ojos revestidos de una agreste belleza moral. ¿Puede una persona ser ilegal, me pregunto, por nacer donde ha nacido? Los que trabajan clandestinamente en España lo hacen en condiciones de precariedad porque hay empresas que se valen de su desamparo para enriquecerse al margen de la legalidad. La próspera economía sumergida vive de esa vulnerabilidad. (…) Los rostros de los subsaharianos (hay también en los promiscuos centros de acogida mujeres con niños) me interpelan con fuerza muda”

Siete escaleras famosas.
 

En la casa de los esclavos de la isla de Gorée, en Senegal, hombres, mujeres y niños eran hacinados en las celdas del sótano hasta que eran sacados a las escalinatas exteriores para ser expuestos, subastados y vendidos. Después, eran custodiados por un pasillo directamente hasta el océano, la puerta del no retorno, y eran embarcados para ser esclavizados en tierras extranjeras. Foto de Bruno Morando.
 
 
Estos 192 escalones cinematográficos descienden desde las grandes plazas de la autoproclamada Ciudad de los Héroes hasta el puerto de Odessa, en el mar Negro, y son un símbolo de la ciudad. En 1905, una batalla entre zaristas y marineros amotinados asoló la ciudad ucraniana; la película muda 'El acorazado Potemkin', de S.M. Eisenstein, ubicó aquí la recreación de la muerte y la devastación.  Foto de Michael Nicholson
 

 
Prohibido picar. Cuidado con sentarse aquí y sacar el bocadillo en las excepcionales escaleras de la Plaza España de Roma. son 137 peldaños que datan del siblo XVIII. Foto de Guido Cozzi.




Peldaños musicales. La magia y el recuerdo de la película 'Sonrisas y lágrimas' guía a las aspirantes a Julie Andrews hasta la escalerita color crema de los jardines de Mirabell, en Salzburgo, en donde se recrea el 'Do-Re-Mi' de los hermanos Von Trapp. Coto de Corbis.

 
Esta pirámide escalonada de 24 metros de altura, coronada por un templo en el yacimiento maya de Chichen Itzá (Yucatán, México), es, en realidad, un diario en piedra. El cálculo perfecto de su tamaño, inclinación y orientación hace que el sol arroje en cada equinoccio un rayo de luz sinuosa sobre la escalera, como una serpiente que se desliza hacia la cima: la famosa serpiente emplumada que representa al dios Quetzalcíat (Kukulcán en maya). Foto de Otto Stadler.

 

Los ancestrales escalones de piedra que serpentean por las laderas del Huayana Picchu -puntiaguda cima de 2.700 metros que aparece, de fondo, en casi todas las postales de Machu Picchu– son exclusivamente para 400 osados que suben cada día: es el número de permisos diarios que se conceden para subir a la cumbre. Foto de Mike Theiss.

 

Íñigo Jones, arquitecto británico, inspirado en sus escapadas europeas, quiso ser el primero en crear una escalera de caracol geométrico sin soporte auziliar. Materializó su proyecto en la Queen's House de Breenwich, en Londres, a principios del siglo XVII para la esposa de Jacobo I. Foto de Steve Vidler. 

Pasamos a la sección de humor, de la mano de Erlich.





Otros humoristas que dejaron su huella en la prensa durante esta semana: El Roto, Forges, J. R. Mora, Pat, Peridis, Fontdevila…















 
Pep Roig, desde Mallorca: Temporada de hipócritas, ¿Zombis?, Campaña electoral, y Vamos a contar mentiras.
 
 








En los vídeos de esta semana, Juan Torres López, economista, así analizaba las causas de la crisis, en el 2009.



Un vídeo hecho público en 14 de octubre del 2012, antes de las últimas elecciones generales.



El músico y productor Ivis Flies nos cuenta cómo utiliza las matemáticas en su trabajo. Desde afinar un instrumento hasta para componer, necesita conocimientos de matemáticas que se los ocupa en muchos casos intuitivamente, sin tener una noción específica de eso.



Publicación sugerida por Alejo Vidal-Quadras