miércoles, 22 de abril de 2015

Una mano inclina el cogote de Rato.


“Una mano inclina el cogote de Rodrigo Rato para que entre en un coche policial –escribe Juan Carlos Monedero–. Se desvanece, en un instante, una época. La del milagro económico. La del argumentario contra lo público. La de la criminalización de los sindicalistas críticos y el desprecio a los trabajadores. La del éxito de lo privado, la liberalización del suelo, el azul del PP hasta en los telediarios, el ladrillo, el cemento y las tuneladoras, la era de Rouco, los telediarios mercenarios, José Luis Moreno y José María Fidalgo, el desparpajo de la cazadora de talentos ladrones Aguirre, la de las privatizaciones felices de la sanidad y la educación, la de los españoles mirando en los cubos de basura mientras Ana Botella les multaba e invitaba al mundo a un relaxing cup of café con leche. La del saqueo de las cajas de ahorro, la de la universidad entregada a Bolonia y devuelta a los ricos.  La era de Aznar y la Gürtel, de Esperanza Aguirre y la Gürtel, de Cristina Cifuentes y la Gürtel. Maldita Venezuela que no lo tapa todo. A ver si Maduro hace algo que está la cosa fea.      

Una mano inclina el cogote de Rodrigo Rato, detenido, mientras registran su casa. Alzamiento de bienes, fraude fiscal y blanqueo. Con el apoyo del Ministro Montoro. Que hace amnistías fiscales para sus colegas. Montoro el deslenguado. El que usa el aparato del Estado contra los adversarios políticos. El del despacho donde atienden los problemas fiscales de las grandes fortunas. Un fiscal, que viene de esa época, hace un escrito urgente al juez de guardia para que Rato sea puesto en libertad en cuanto acabe la práctica de los registros. Qué fiscal tan diligente. Personas pobres que han robado un par de cientos de euros no tienen tan buenos abogados. Los ricos siempre han sido impunes porque ellos han escrito las reglas de juego.  (…)

           
Aquella vez fue a las cinco. Este viernes es a las siete. Pero tiene la misma lógica: decirle a los ladrones de nuestra democracia que ya sabemos qué tienen entre manos, que no vamos a permitirlo. Un petrolero que amenaza la costa canaria regresa vientos del pasado. La cabeza de Rato, responsable de agachar la cabeza de continentes enteros cuando era Director del FMI, se inclina para entrar en un coche policial. Rato, que le quitó medicinas y educación a los países del Sur, que ha compartido vinos caros y suites lujosas con la enemiga de los ancianos Lagarde, con el enemigo de las mujeres Strauss-Kahn, que le quitó a los madrileños la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, entra en un coche policial para que sepamos que todo este esfuerzo de protesta no ha sido en vano. Tantos desahuciados de Bankia tendrán, al menos, una pequeña compensación por todo lo que han sufrido. He visto a una preferentista dejar caer una lágrima. Ayer, mientras los trabajadores esperaban la sentencia del Supremo que les daría la razón, lloraba porque una anciana acababa de morir sin recuperar sus ahorros. La gente como Rato no llora por nadie. 

Quedan, todavía, todos los necesarios responsables de esta etapa de rapiña. Los Montoro, Guindos, Esperanza Aguirre,  Mariano Rajoy, Cospedal, Soraya Sáez de Santamaría, Javier Arenas, Carlos Floriano, Ana Mato, el Ministro Fernández, Gallardón o Javier González, Camps, Matas, Bárcenas o Jesús Sepúlveda. Y el gran jefe bajo cuyo mandato se gestó la Gürtel y todos estos desaguisados: José María Aznar. El de la foto de las Azores. Y no olvidamos a los periodistas mercenarios que los han defendido. Qué etapa. ¿Cómo hemos podido los españoles aguantar tanta mentira? Igual estábamos viendo el fútbol o planeando el siguiente viaje. Ellos estaban enriqueciéndose sobre nuestras espaldas. Y usando el aparato del Estado para hacer negocios e intentar silenciar a los opositores”.

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